Le miré a los ojos sin saber que sus pupilas están cerradas a
calicanto, pensaba que era suficiente sentir,
que me bastaba con detectar su vibración o tal vez su energía. Pero los
caminos estaban cortados, de tal manera que abrirlos requería un milagro o una
sonrisa de mi parte que sea como un flechazo para acertar la diana de su
corazón.
Des de entonces me hice adicto a la sonrisa.
Todo parce fácil, todo parece posible. Así que, he entrenado los músculos para
dar la bienvenida a cada nuevo día, cada momento, cada instante, a su rosto y a cada rostro amable dispuesto a
compartir un trozo de su vida con la mía. Incluso llegué a pensar que la
sonrisa realmente es el milagro que hace lo que hacen las divinidades, pero
está al alcance de las personas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario