miércoles, 23 de octubre de 2019

Gris y Azul


 
Levanto la mirada hacia el cielo. Todo plagado de nubes en forma de figuras, de pronto un adorable perro se convierte en una vaca, o tal vez una forma de monstruo se convierte en una silueta de persona. Un movimiento constante permite visualizar muchas formas y muchas combinaciones. Se difuminan unas en otras sin parar. Todo es posible en este juego, lo único que cambia es mi imaginación o quizás mis deseos de ver cómo cambian las cosas con un solo y leve soplo del viento.

Sin previo aviso, todas las figuras dejaron de serlo para formar parte de una sola capa gris que remplazó el cielo azul de esta mañana. En contra de lo que podemos pensar, el gris y el azul no se riñen, ni se contradicen. Menos aún, podemos pensar que uno simboliza la alegría y el otro la tristeza. De hecho, en el tránsito entre los colores, hay miles y miles de tonalidades que solo los llega a percibir unos ojos observadores des de la tranquilidad del alma. Nada es casual, ni mucho menos previsible. La belleza se esconde en la mirada más que en aquello mirado, y todo adquiere valor cuando empieza a existir.

Mientras inspeccionaba las tonalidades de la capa gris del cielo, un escalofrió recorría mi cuerpo en diferentes direcciones. Sin embargo yo hice caso omiso a estas advertencias  de que se cerca una buena tormenta.

Empezó a llover, pero yo estaba convencido que no era el momento de abandonar el lugar, justo cuando empezaba la fiesta. Me he sentido alagado por este regalo del cielo en forma de gotas, que caían como pedazos de felicidad repartidos por partes desiguales. Cada gota que impactaba con mi cuerpo provocaba una vibración que poco a poco se penetraba tan profundo  en mi alma hasta perder su propiedad como agua para convertirse en magia de sanación.

En estos momentos, solo cabía en mi pecho sentir, sin necesidad de pensar. Así que, me he dejado llevar como un rio en busca del mar. Mi piel impregnada con este líquido precioso y mis ganas de vaciar todos los malos sentimientos, limpiar hasta los últimos rincones. Para dejar paso a una sensación de calma y paz.

  

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