Después de un largo camino, de repente me he visto parado en el medio de
un valle extenso. En el horizonte, brilla un sol radiante, detrás mío un bosque
de árboles gigantes, entre sus ramas se infiltran los rayos del sol. El sol y
la sombra están repartidos por partes iguales. Me siento inmóvil pero con ganas
de correr, pisar toda la hierba que pueda, respirar todo el aire que pueda, sin
miedo, sin prisa, pero con mucho amor. Abrumado por mil sensaciones, me he sentido
paralizado y por un momento pensé que el valle me acoge con fuerza, me estruje entre sus majestuosos brazos, y después me parte en pedazos para forma parte de
su belleza. Todo verde como siempre he deseado, todo precioso como nunca he imaginado. El canto de los pájaros es
preciso como el latido de mi corazón, el susurro de las hojas debajo de mis
pies, la brisa que golpea mi rostro con suavidad. No se puede pedir más a la
naturaleza!
lunes, 14 de octubre de 2019
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