Recuerdo aquella habitación, la vela encendida
sobre la base de un trozo de espejo,encima de un armario viejo. Era mi pequeño
santuario de la esperanza, rodeado de oscuridad,que yo mismo provocaba cerrando
puerta y ventana. La luz tenue luchaba por mí, porque le confiaba mi salvación
de la tristeza. Estaba convencido que la esperanza hechaba raíces dentro de mí, y
poco a poco iba floreciendo atravesando mi ser más profundo. Simplemente, me dejaba llevar y por un momento me quedaba
embobado observando como un ser tan pequeño era capaz de vencer la oscuridad.
jueves, 28 de noviembre de 2019
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