martes, 25 de febrero de 2020

¡Madre e hijo!

Le agarró fuerte, era medio abrazo medio desgarro. Ella no sabía si soltarle o retenerle contra su pecho. Sin embargo, sus lágrimas no la dejaban verlo con nitidez, aun haciendo esfuerzo con el ojo medio ciego. Su corazón latía con ganas, su respiración se cortaba, la voz le temblaba. Aun así, pudo pronunciar un espero verte pronto, cuídate o que dios te bendiga! Tal vez no eran ni siquiera frases, sino un tartamudeo de palabras sueltas que él hizo el esfuerzo de juntar. En este justo momento, él pensó que su madre sentía lo que sentía cualquier madre que acababa de soltar a su hijo mar adentro hacia la vida.
Ella lloró para fuera, él lloró por dentro. En un momento, ella se quedó con los brazos vacíos, él con el corazón encogido. En seguida se apresuró a bajar las escaleras de su casa; de dos en dos, de tres en tres…y luego perdió la cuenta. Solo quería alejarse para dejar de sentir el dolor de la despidida.

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