sábado, 9 de febrero de 2019

El duelo

El duelo es un proceso, no un estado.-Anne Grant

Todos sabemos que aquello que tenemos es finito. Pero, una cosa es entenderlo y otra cosa es creerlo. De hecho con el auto-engaño logramos obviar todo lo que vamos dejando en el camino. Quizás porque delante de cada perdida solemos ganar algo que mantiene viva nuestra esperanza de darle mas cuerda a nuestra vida. Sin prestar desmayada atención al dicho filosófico que indica que no se puede bañarse en el rio dos veces, de manera que las sucesivas veces que lo hacemos nunca son, ni serán idénticas a la primera.

A lo largo de la vida conocemos personas que forman parte de nuestra cotidianidad hasta que dejen de serlo. Es algo parecido a una tela araña que tejemos y cada vez que se rompe por una parte la volvemos a tejer, a veces de manera rápida, y otras veces mas lenta. Nuestra existencia depende en gran medida de estos momentos frágiles, y esa tela que requiere un trabajo diario, y mantenimiento constante.

El duelo simplemente duele, porque dejas de ver algunas personas para siempre, o por lo menos dejan de formar parte de tu paisaje. Es como un ser que a medida que te vas alejando, se hace cada vez más pequeño, se convierte en un garbanzo, un grano de arroz y después en un punto imperceptible en el horizonte, hasta desaparecer. Allí cuando empieza la lucha por llenar este vacío, con la misma prisa que a veces cerramos en falso las heridas, o curamos sin emplearnos a fondo, un dolor que se puede volver a revivir.

Una serpiente muda de su piel,la deja atrás como un proceso natural de su desarrollo a lo largo de los años. Nuestra piel se regenera sin darnos cuenta. O tal vez cuando hayamos cambiado miles de veces en comparación a como lo hace una serpiente. Ella deja la piel antigua en un descampado, un desierto, y se va. Nunca llegaremos a saber si llora por su piel abandonada, ni si pasa por un duelo cada vez que muda de piel. Aparentemente, nuestra piel envejece por el paso del tiempo. Pero, en realidad es un puzzle compuesto por pedazos de heridas, recuerdos, imágenes, persones, a veces se transforman en cicatrices visibles con raíces que conectan con el corazón, y muchas veces no son perceptibles al ojo humano.

Migrar es mudar de país y paisaje, romper toda la tela araña, o quizás quedarse colgado por un hilo fino entre lo que has sido, y lo que serás. El hola y adiós se convierten en habito que de tanto repetirlos te quedas inmune a les emociones que normalmente suelen generar estas situaciones. La primera ves que te despides de ser querido no llegas a pensar lo que te puede pasar si llegas a verlo durante un tiempo. Así que, poco a poco se te adentra el veneno de la nostalgia cuando le hechas en falta, o justo cuando necesitas un abrazo de los buenos y profundos, o simplemente cuando quieres repartir tu alegría o tristeza con otro que no sea tu sobra.


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